PORTISHEAD, THIRD: Y al tercer disco, resucitó

Los retornos son una de las plagas del tercer milenio en la música. Giras de reunión de bandas que en su momento fueron grandiosas pero que ahora sólo mantenían el nombre, otras que sacaban discos un tanto lamentables, y otras que seguían muertas. O al menos eso parecía.

Pocas tuvieron condiciones tan únicas como los íconos del trip hop, Portishead. No sólo se reunieron, sino que también sacaron un nuevo disco, el tercero de su carrera —llamado apropiadamente Third (Island/Mercury, 2008)— después de once años, sino que también demostraron una gran calidad y un desapego casi completo a lo hecho en los noventa.

El inicio con un sample en portugués denota los 179° de giro con respecto a Portishead (Island, 1997). Pero luego “Silence” se convierte en la persecución del ritmo, en una muestra exacta del poder de la experimentación que rodea, como aura misteriosa, a Third.

Si en el opening track se veía la búsqueda, en “Hunter” esto se vuelca en una cacería pausada, oliendo cada paso, con cuidado en cada compás y elemento utilizado. La guitarra de Mr. Utley merece una mención por la hipnótica figura del final que, tal como sugiere el fadeout, seguiría hasta la eternidad, dejándonos en el limbo.

“Nylon Smile” parece la vía de armar un single con lo que nos ofrece Third, pero no por eso deja de lado las marchas bizarras y llenas de intención de dejarnos en trance. Y su final abrupto diciendo “I never had a chance to explain exactly what I mean” debe ser el corolario de la evolución del trío de Bristol, dejando en claro que lo de ellos no son explicaciones, sino que son meras ventanas que se abren por pocos instantes. O tal vez sólo una rasgadura entre los ropajes, como “The Rip” que presenta una base constante, machacante, que va formando una bola de nieve que pasa desde una balada lenta hacia una canción romántica tan electrónica como psicodélica, cuyos dos últimos minutos se nutren de un buen sintetizador que reafirma el carácter único de la voz de Beth Gibbons.

Esa es la clave de Third. Si lo reconocemos de inmediato como “el tercer álbum de Portishead” es, simplemente, por lo familiar que resulta su voz quebrada y potente, dada la intensa reinvención del sonido del que quedan pocos vestigios.

En “Plastic” se asienta aún más la veta industrial de este LP donde se nota la desoladora connotación lírica del álbum que denota graves impotencias mentales, donde las emociones, como deja relucir la letra, se convierten en meros simulacros que terminan siendo plásticos, dejando como ruinas las huellas de la carne y los huesos.

La marcha de “We Carry On” continua dejando atrás las convenciones, aunque ya con este track central nos queda claro: Portishead lidera la marcha de las emociones contenidas. Incluso se dan maña de tomar el folk con la notable y breve “Deep Water”, tan Beach Boys que la vuelve atemporal, salvo por la voz de Beth que evita que se nos olvide que este es un disco de los de Bristol.

Si la calma parecía segura, llegan los disparos de “Machine Gun” para derribar la tranquilidad y sembrar incertidumbre con ráfagas de electrónica industrial con los ecos de las almas que se quieren sobreponer a las metralletas que siguen la tónica inevitable de Third: hagas lo que hagas, la constante se mantendrá, dejándote a ti en medio de batallas perdidas, o al menos, demasiado complicadas.

“Small” es el track débil del álbum, principalmente por su parsimonia general y su tendencia a convertir a Beth Gibbons en una maestra de las voces distorsionadas como Björk, al menos su primera mitad. Luego cambia y deja atrás ese sin sentido y se vuelca en un juego con el órgano —que incluso rememora grandes pasajes del Separations de Pulp (1992)—. De todas formas el track se alarga demasiado y queda preso entre un montón de marchas imparables, constantes, como máquinas que, aunque mil niños lloren, seguirán funcionando. De hecho, es el único track que desfavorece el impecable trabajo de Gibbons.

Como no pasa con el otro single obvio de Third, “Magic Doors” que parte desde otra apertura mínima, la pantalla de la TV con un sonido de carta de ajuste para pasar a percusiones poco ortodoxas que, mezcladas de gran forma con el teclado de Geoff Barrows, logran redondear el triunfo de reconocerse quebrado como denotan varios pasajes de la letra. Otro detalle es el interludio con cornetas remezcladas de gran forma.

Sólo en el final se establecen nexos con Dummy (1994) y Portishead (1997). “Threads” suena compleja, tiene bases sonoras en los discos anteriores, pero claramente su densidad es de esta época donde se nota la madurez de un conjunto que nunca se separó oficialmente sino que esperó el tiempo perfecto para resucitar, en su tercer disco.

Once años no son pocos, pero valieron la pena, esa que Beth Gibbons tan bien retrata, para escuchar este engranaje volver a ponerse en marcha. Y el cierre de “Threads” es tan inquietante como el resto con sirenas sintéticas que parecen el anuncio de un barco a la deriva que escuchamos, pero no lo suficiente como para querer salvarlo. Y ese barco somos, al parecer cada uno de nosotros.

¿El resultado? Un álbum imperdible, principalmente por su capacidad de establecer la emoción como el resultado de terrenos áridos, constantes densas y una voz inconfundible. Pero lo más notable: dejando en cada uno la forma de recibirlo, con la emoción viva o con una coraza. Lo bueno es que Portishead volvió. Y si hay que esperar hasta 2019, ¿qué importa? La calidad vale más, mucho más, que la cantidad.

FICHA TÉCNICA

Artista: Portishead

Álbum: Third

Sello y año de lanzamiento: Island / Mercury, 2008.

Producción: Portishead

Tracklist: 1. Silence (5:06) | 2. Hunter (4:04) | 3. Nylon Smile (3:25) | 4. The Rip (4:36) | 5. Plastic (3:33) | 6. We Carry On (6:33) | 7. Deep Water (1:39) | 8. Machine Gun (4:52) | 9. Small (6:53) | 10. Magic Doors (3:38) | 11. Threads (5:47)

Duración total: 50’ 06’’

    • Pía
    • 15/04/11

    We Carry on ..simplemente me fascinó.
    Gracias a Música del tercer Milenio. por verbalizar el sentimiento de muchos que nos gusta la música, pero que además es parte importante de nosotros mismos. A mi en lo personal, me parece que la vida debe tener un soundtrack y vivirse a flor de piel y sentirse y recordarse, es por eso que debe ser descrita y admirada e incluso despreciada. Por lo mismo me tomo un tiempito de mi horario de trabajo para leer sobre una de mis bandas favoritas “Portishead”.
    Abrazos y esperando lo próximo.
    Pía

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