BALANCE LOLLAPALOOZA CHILE 2011: Fuimos pocos, pero locos

Faltó gente. Nunca hubo una aglomeración humana digna de la marca “Lollapalooza”.

Es que hubo mucha renuencia de parte de extensos grupos de personas aquí, en Chile, ante la forma en la que se planteaba este evento.

La desconfianza de quienes no entendían por qué Chile era elegido para la celebración de los 20 años de Lollapalooza, la crítica descarnada por el precio de los tickets y la falta de “nombres conocidos” en el cartel develado recién a fines de enero se unían contra este festival.

Los mismos chilenos fueron —yo, en este caso, no me incluyo porque siempre lo apoyé— los peores promotores de Lollapalooza.

Ahí debemos aprender una lección de los extranjeros que fueron, al menos, el 10% de los más de 100 mil asistentes sumando los dos días de festival. Ellos valoran el concepto de festival. La marca Lollapalooza es tan fuerte que había desde noruegos hasta australianos, pasando por colombianos, uruguayos o estadounidenses.

En cambio, aquí se chaqueteó el festival. Y eso afectó la venta de entradas.

Puede parecer una locura decir que hubo poca gente, pero resulta mortalmente verdad.

Eventos de esta naturaleza funcionan con aglomeraciones, audiencias gigantescas, que le hagan honor a los festivales clásicos. Aquí eso pasó contadas veces, también por la inteligente pero arriesgada estrategia de los dos escenarios principales paralelos.

Esto aseguraba la continuidad del espectáculo… ¿La parte mala? Muchas personas preferían adelantarse a llegar al escenario donde estuviera su artista predilecto, disminuyendo el potencial de conformar un punto de encuentro, una postal emblemática.

Pero de eso se encargaron los propios artistas, casi por completo presentando shows de gran factura.

Obviamente The Killers levantaron sus éxitos mundiales, pese a que se vieron tensos, apretados, faltos de training, cosa esperable luego de su receso y cerraron con un corto pero correcto show el primer día.

Kanye West en cambio brilló con luz propia. Está en su peak y eso se notó. El tipo tiene la confianza de manejar audiencias gigantes y sentirse un ser mitológico —como en su video “POWER”— y con canciones tan buenas, cerró el festival como se debe: arriba.

Grato fue ver números de factura magistral, aunque no fueran tan conocidos. Empire of the Sun sorprendió a muchos, pero con su propuesta teatral que va entre Bowie y Phoenix lograron lo que pocos hacen: grabarse a fuego en la audiencia que tuvieron.

Lo mismo pasó con The Flaming Lips. Pese a tener al frente a la “armada” de fans de 30 Seconds To Mars que no hacían más que jugar con sus celulares o sentarse en el suelo —sí, lo hicieron—, lograron llevar su onírico espectáculo de emociones y estímulos con maestría, pese a que se hizo poco el tiempo (“apenas” tocaron 8 canciones en 58 minutos de concierto). Para muchos fue una sorpresa y, probablemente, ahora se conviertan en banda de culto.

La energía y entrega de Datarock en el colapsado Tech Stage (alias, Teatro La Cúpula) contagió a las 2600 personas que se apretujaban mientras el cuarteto noruego desplegaba sus éxitos con una energía, simpatía y cercanía que armaron un espectáculo único.

Interesante fue notar la capacidad de Chico Trujillo de hacer funcionar su cumbia chilombiana que rescata éxitos sesenteros de la cumbia colombiana en un gran escenario, tan así que fueron destacados por la cobertura del NY Times.

Deftones y Ben Harper también tuvieron shows muy buenos, pero para no muchos eso fue una sorpresa. En el show de Chico Moreno y los suyos la gente se comportó a la altura de las expectativas y en Harper los “pocos” que fueron a verlo notaron la calidad de la interpretación del norteamericano.

CSS demostró que más que música, son energía y carisma de su vocalista Lovefoxxx y un sonido que en vivo gana potencia rock-indie, dejando un tanto de lado la electrónica. Además, estrenaron dos canciones: “La Liberación” y “Like a Rock”.

De calidad mundial también fue la presentación de Latin Bitman, quien partió con un Movistar Arena [o LG Stage, en este caso] casi vacío pero que fue derivando en una fiesta tremenda, con un sonido impecable y colaboraciones de lujo como Francisca Valenzuela, C Funk, Rulo, Chico Claudio, Julián Peña, Roberto “Titae” Lindl y Juan Sativo.

En tanto, en deuda quedó la organización, con yerros que deberán ser evitados en vista de la edición 2012 que está cerrada en un 90%.

Primero, evitar dejar para La Cúpula a artistas que convoquen más de dos mil personas o sino armar un escenario al aire libre para evitar que la gente se quede fuera.

Segundo, permitir la apertura de las puertas a las 11 y no casi a las 12, cuando comenzaban los primeros artistas.

Tercero, evitar líos de las entradas de los extranjeros. Ellos son quienes llevarán sus percepciones por el mundo y harán que vengan más para la siguiente cita. Por eso no se les puede hacer esperar ¡4 HORAS! Por sus tickets adquiridos vía online.

Cuarto, fijarse bien en los partners de prensa. El Mercurio hizo bien su pega con periodistas bien informados, con un especial online muy bueno. Caso contrario el de Canal 13 y radio Rock & Pop. En la TV no se vio NINGUNA información bien pensada y con un grado decente de documentación. Y en la “radio oficial” se tocaba solamente el 10% del cartel de Lollapalooza.

Quinto, las entradas deben tener sistemas de venta igualitarios. El 2×1 cinco días antes del festival es un insulto hacia quienes compraron en preventa sus tickets a un precio, en ese entonces conveniente, pero posteriormente injusto.

De todas formas, pese a la poca gente y estos líos, Lollapalooza fue histórico, grande, necesario, imperdible, inolvidable, una experiencia.

Fuimos pocos pero locos. El próximo año la tarea para la casa es juntar más gente y lograr un festival (aún mejor) realizado.

  1. Comparto contigo en muchas de las cosas que acá señalas y pese a los errores de organización (me pasó lo de la espera por mis tickets comprados on-line y no pude ver a Catpower ni Cold War Kids por los problemas señalados en el Tech Stage -gran idea sería la de hacer el escenario afuera; no solaparía al de los escenarios principales por la distancia) Santiago se merece un aplauso por lo logrado con la primera entrega del festival.

    Soy boliviano y vivo en Buenos Aires y ninguno de los dos lugares podría brindar lo vivido el pasado fin de semana en Chile. Y si aún se preguntan por qué Santiago y no Buenos Aires o Sao Paulo, creo que las respuestas son evidentes: a) lo diverso del público, b) el marcado y diferenciado gusto por cosas que van desde el metal hasta la electrónica, pasando por el hip hop (no sé si en buenos aires funcionarían varios de los artistas que fueron) c) la fuerte economía chilena (que garantiza una inversión a largo plazo, como es en este caso el festival) y d) el imponente y bello lugar que tienen conocido como Parque O’Higgins.

    Felicidades a todos los chilenos por haber hecho posible este festival y esperemos que las ediciones posteriores se vayan superando una a una. Depende de ustedes, de nosotros, de todos… La música está ahí, es nuestra, así como ahora es nuestro el Lollapalooza!

    Invitados a pasar por mi página y leer las reseñas de los dos días (con ojos extranjeros).

    http://www.piensomusica.com/2011/04/pienso-musica-en-vivo-lollapalooza-dia.html

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