La historia de LOS BUNKERS parte 6: Libertad de expresión musical

¿Qué define a la banda más exitosa e icónica del tercer milenio del rock chileno? Claramente es su tendencia a reinventarse con cada lanzamiento, tomar riesgos y explorar sus horizontes sonoros.

Para ello han tomado influencias muy diferentes, desde los Beatles en sus inicios, pasando por Violeta Parra, hasta un 2010 donde, tras doce años de carrera, deciden rendirle tributo al cantautor cubano Silvio Rodríguez.

Para los chilenos, Rodríguez es más que un mero cantante. En los 80s, cuando la dictadura reprimía la libertad de expresión desde la TV hasta la música, por no mencionar los derechos fundamentales a manifestarse libremente. Allí, en ese Chile, Silvio fue una vía de escape para muchos, acrecentando su valor sentimental para toda una generación, la de nuestros padres, en su mayoría.

Por ello, para Los Bunkers la obra del autor cubano es más que significativa. Así, no era tan de extrañar que su sexto disco, Música Libre (Universal México, 2010) fuera un álbum de 12 covers de Silvio Rodríguez.

La controversia, como hemos visto que es usual para el quinteto, se instaló y los foros recriminaban esta decisión. Tampoco ayudó mucho el primer single, tal vez el track más débil de Música Libre, “Sueño Con Serpientes”. Pero con ello fue mucho más esperada la salida del álbum a fines de noviembre en México y hace un par de semanas en Chile.

Y la gran sorpresa es la coherencia del álbum, con una reinvención total de varias de las principales composiciones de Silvio Rodríguez —con la excepción de la ya mencionada “Sueño con Serpientes—.

Quien fuera” es la versión que mejor se acopla al estilo Bunkers. Perfectamente se puede hermanar con “Nada nuevo bajo el sol” por su groove y levedad juvenil maravillosamente caracterizada en el video a-la “Something” de Los Beatles para este, el segundo single.

Que ya viví, que te vas” es la muestra del otro lado de Los Bunkers, más cercano a una mezcla entre el desparpajo de Vida de Perros y las influencias de grupos como Los Ángeles Negros, en especial en la adopción de efectos para los riffs que les dan más profundidad y que, a la vez, lo hacen más accesible.

El Necio” captura toda la ira y compasión hacia el enemigo que es tan necio como nosotros. “Leyenda” suena dulce pero cumple con la dualidad de la composición original, tan dolorosa como esperanzada. “Ángel Para Un Final” perfectamente puede ser el siguiente single por su accesibilidad y romanticismo. “Santiago de Chile” es chocante por su poder, siendo uno de los crossovers más fuertes del álbum, al igual que “Pequeña Serenata Diurna” en clave de cueca.

Y nada más” presenta un trabajo contundente y constatando uno de los rasgos más importantes de Música Libre: no es necesario que te guste la obra de Silvio Rodríguez —a mi no me gusta, por ejemplo— para disfrutar de este trabajo porque la reinvención de las canciones funciona a cabalidad.

El día feliz que está llegando” es jubilosa, muy en la clave del cierre de Vida de Perros, “Hoy”, manteniendo buena parte del trabajo de guitarras de la versión original.

El cantautor chileno Manuel García —una de las voces más interesantes del último tiempo en Chile— colabora en “Al Final De Este Viaje en la Vida” y en el intocable cierre “La Era Está Pariendo un Corazón”. “Al Final…” es un muy buen cruce entre La Culpa y Silvio, ofreciendo charangos y guitarras acústicas que se corresponden de manera muy dulce con la voz cálida de García.

Importante es consignar que, a diferencia del resto de los álbumes de Los Bunkers, Francisco Durán no es voz principal en casi ningún track, debido a los requerimientos de las composiciones de Rodríguez, evidentemente en una clave sonora más aguda, más cómoda para Álvaro López o el invitado Manuel García, con la excepción de la impresionante y calma versión de “Pequeña Serenata Diurna” con una percusión cuequera que se corresponde con ese arraigo que Silvio tiene en el Chile que vivió la dictadura de Pinochet.

El cierre es impecable con “La Era Está Pariendo Un Corazón”, con profundidad y, también, con un desarrollo mucho más pensado, siendo un joya desde todo punto de vista. Por cierto que el singalong final de los instrumentos le da una emotividad especial al fin de un álbum que, sencillamente, es el mejor disco chileno del año por la coherencia que se mantiene en la obra, pasando por todas las diferencias estilísticas que hemos dado en mencionar —siempre considerando la excepción de “Sueño con serpientes”—.

Los Bunkers se dan la libertad de expresarse como quieran musicalmente. Porque al final, “vivo en un país libre / cual solamente puede ser libre / en esta tierra en este instante” y eso Los Bunkers lo tienen más que claro.

  1. Hola realmente muy buena descripción del disco.
    Ya soy tu seguidor

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