La historia de LOS BUNKERS parte 4: La segunda transición, pateando la perra.

Sí, hubo momentos difíciles, cansancio, un paso precipitado entre el éxito y la crítica despiadada. Pero Los Bunkers salieron adelante, se tomaron el descanso que necesitaban y volvieron a la ruta. Y esta vez querían gritar con toda la voz.

Casi tres años de silencio discográfico convergieron en una fuerza que quedaría clara desde el primer beat de Vida de Perros (La Oreja, 2006). El quinteto penquista se fue de Sony, se tomó un descanso y, tras el exceso de elementos utilizados en La Culpa, volvieron al rock de guitarras más clásico y filoso que han realizado hasta la fecha.

Pero hay más elementos. Volvieron a grabar en cintas, al estilo antiguo, sin hacer demos, sin tener todas las ideas claras antes de entrar al estudio. Querían volver al origen, esos inicios cuando ensayaban diez horas diarias, todos los días, en búsqueda de su estilo propio y de ese sonido de banda que en Vida de Perros por fin encontraron.

Los Bunkers por fin suenan como un ente cerrado e impenetrable. Si bien, compositivamente no han superado su impecable debut de 2001, en la producción, el sonido y la actitud Vida de Perros es su obra más genuina y transparente.

Las sensaciones que cruzan el cuarto álbum de Los Bunkers van desde el desencanto, la ira, la seguridad, la inseguridad, la dulzura y el amor en todas sus formas. Pero aquí también se condensan las ansias de hacer pagar al que hace sufrir, en el amor, el trabajo o en la vida. Si en La Culpa decían “No me hables de sufrir”, en Vida de Perros hay más desparpajo para invitar a mentir (“Miéntele”), enfrentar a un amor pasajero (“Te vistes y te vas”) o caracterizar la melancolía de lo inevitable (“Llueve Sobre la Ciudad”, “Ahora que no estás”).

Pero también hay que decir que Los Bunkers sacrifican cierta profundidad en pos de sonar y comportarse de forma mucho más directa, pero les resulta y es esa actitud la que se transforma en un corolario de coherencia suprema, donde lo que llega en cada track es fuerza y son cojones para hablar de situaciones perras, haciendo honor al nombre del disco.

Es interesante el hecho que este fue el disco que les abrió las puertas a Los Bunkers a nivel continental, siendo México el país que mejor los ha recibido. Este público claramente se deja llevar por el poder y la energía unida a las sólidas composiciones de Los Bunkers, pero también hay un gran nexo entre la audiencia y el grupo porque el público mexicano tiene gestos, formas de actuar y un fanatismo similar al chileno, y por ello se hacia casi inevitable pensar de que Los Bunkers iban a tomar otro rumbo y nuevamente tomarían las maletas para irse.

Un contrato con Universal México y el éxito en escenarios tan relevantes como el festival Vive Latino hicieron que Álvaro, Francisco, Gonzalo, Mauricio Durán y Mauricio Basualto llegaran a una segunda transición, con un disco que pateaba la perra pero cuyas consecuencias serían tan luminosas como sería refrendado en Barrio Estación.

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