LOS BUNKERS parte 3: Momentos difíciles.

El ritmo de trabajo de Los Bunkers era imparable. Tras su gran debut se demoraron poco más de un año en lanzar su siguiente álbum, firmando con una gran discográfica (Sony) que les daba cierto soporte para trabajar. Pero no se relajaron y de nuevo se tomaron poco más de un año para lanzar su nuevo disco.

Ya asentados en Santiago lanzaron La Culpa (Sony, 2003), pero las expectativas fueron más que los resultados. Por primera vez en su corta carrera, Los Bunkers comenzaron a ser criticados y no tuvieron el éxito que podrían haber planeado.

Esto tiene que ver con muchos factores, pero hay dos primordiales: su mayor compromiso político, asociado a incomodidades de las audiencias, y, además, un cambio en las influencias primordiales, desde los Beatles hacia Latinoamérica y Chile. Ambos elementos, muy unidos a un riesgo que, visto desde la distancia del tiempo, aceleró el proceso de madurez de Los Bunkers, pero que en ese momento puso en duda incluso la continuidad del quinteto penquista.

La clave musical de este álbum es la utilización de una cantidad impresionante de elementos sonoros, desde instrumentos como el bombo, el triángulo y el charango, hasta decisiones de producción como trabajar por primera vez con sintetizadores ochenteros o trabajar con demos antes de realizar grabaciones definitivas.

Pero este no es un álbum completamente coherente. La idea de construir la verdadera “nueva canción chilena” como varios llaman todavía a La Culpa es muy buena, y aplica en este caso, pero de sus doce canciones, sólo nueve valen la pena al nivel de los discos anteriores. Esto ya es mal indicio para un grupo perfeccionista y muy trabajador cuya autocrítica es parte del trabajo, pero lo peor vendría después.

Las ventas no acompañaron a este disco. Tampoco el éxito de los singles. Si bien, “No Me Hables de Sufrir” y “Canción para Mañana” fueron parte de lo más altos de los rankings, no se puede decir lo mismo de “Cura de Espanto”, ni mucho menos del —a la larga— conflictivo cover de Violeta Parra y Patricio Manns para “La Exiliada del Sur”.

Esta canción tuvo problemas de distribución por estar en un punto intermedio entre los estilos y llevó a los nerviosos penquistas a cuestionarse a sí mismos y a este país donde Violeta, tal vez la más grande artista de su historia, ni siquiera se conoce en profundidad.

Pero también el álbum tenía sus líos. Canciones potentes y maduras como “No Necesito Pensar” o la armoniosa y etérea “Culpable” —con créditos compartidos entre ambos Mauricios, Durán y Basualto— comparten espacio con baladas un tanto flojas como “Mariposa”, rockabillies mal ecualizados como “El Festín de los Demás” o dulces composiciones rock-pop con menos profundidad que cualquier otra creación de su carrera como “Mira lo que Dicen Sobre Nuestro Amor”.

La Culpa fue clave para el resto de la carrera de Los Bunkers. Su contrato con Sony se acabó y no se renovaría, tomarían la decisión de seguir pase lo que pase, se cansaron de tantos instrumentos y mirarían hacia fuera. Momentos difíciles que confluyeron en decisiones sin culpa alguna. Y qué bueno, porque crecieron para mejor.

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