TOXICITY, SYSTEM OF A DOWN: Política Stereo

El rock de finales del milenio pasado reposaba mucho en el poder de los acordes y en la imagen de chicos malos. Pero en la música, sólo había nü metal y rock alternativo, además del rock posero de estadios. Los discursos no eran trascendentes y estaban suscritos a asuntos muy específicos y poco importantes.

Por eso la entrada de System of A Down es un punto de inflexión para el rock. Y además trae la mezcla de estilos a las guitarras.

En 1998 lanzaron su disco debut homónimo (System of a Down, 1998, Columbia), con una fórmula que mezclaba sus raíces armenias con el nü metal dominante y muchos otros elementos, pero es con Toxicity (Columbia, 2001) que la paleta sonora se amplía aún más desde la orquestación hasta los riffs en el momento preciso. Las melodías bien hechas y muy potentes rellenan un álbum tan bueno como exitoso.

SOAD no requería de tener una pose política. Ellos siempre tuvieron a la crítica política como un eje de sus líricas, sin necesidad de contingencias. No obstante, el lanzamiento de Toxicity tuvo al atentado a las “Torres Gemelas” como preámbulo. Ya estaba sonando “Chop Suey!” en todo el planeta, un ritmo furioso mezclado con una melodía sobresaliente y raíces armenias siempre presentes.

Algunos días después, en ese septiembre lleno de paranoia y con un mundo en shock, Toxicity apareció para ganarse a la crítica y a las ventas. Pero no sólo eso, sino que también movió los límites del rock al ser el primero de una serie de trabajos del mainstream comprometidos políticamente y con una variedad de sonidos tan apabullante como su identidad.

Y cualquiera creería que un rock-metal pesado se suavizaría con el componente melódico. Pero también es claro que Daron Malakian, el verdadero genio que desarrollaría aún más a la banda posteriormente, no desaprovecha un track para meter riffs de deathmetal con una actitud que desafía e invita.

Un ejemplo claro: El track inicial, “Prison Song”, parte con un único stroke donde Malakian pone tal fuerza que los tres segundos de silencio que siguen uno se queda pensando en si esa fuerza se mantendrá. Y lo cierto es que lo hace con un nivel de producción y buenas decisiones que es, en parte mérito de System of a Down, y en otra parte es crédito del productor Rick Rubin.

Pero lo cierto es que el álbum goza de buena salud al estar construido con versatilidad, emoción y actitud, lo que tiene también mucho que ver con el inmenso trabajo y talento de Serj Tankian, la otra mitad del alma creativa de SOAD.

Tras “Prison Song” hay un set de canciones demoledoras que traen mucho de lo mejor del LP debut, con mucho poder pero también con un trabajo de guitarras y bajos que conforman trazos deliciosos de distorsión muy bien administrados, sin tirar toda la carne a la parrilla, con cuidado por los detalles. Rubin hace éxitos, pero hace falta una banda de verdadero talento para que ese buen trabajo de producción suene genuino y, por ejemplo, “Deer Dance” tiene todo eso.

Tras ello, el single más exitoso de SOAD y, también, una de las joyas de este disco: “Chop Suey!”. Aquí Tankian se la juega con un uso notable de su registro vocal, empapado más que nunca en las influencias de medio oriente, y con un Malakian que construye acordes y arpegios realmente sobresalientes. El in crescendo está muy bien logrado, la comunión entre guitarras clásicas y eléctricas es notable, los pequeños detalles de producción como algunos arreglos de cuerdas y piano contribuyen a la profundidad en el desarrollo de esta composición que se inscribe en lo mejor del rock de las últimas décadas.

Pero hay mucho más. “Bounce” es un furioso track lleno de groove, seguido por “Forest”, donde John Dolmayan, baterista de SOAD, muestra alma además de la fuerza que le entrega a cada track de Toxicity.

Algo bueno de este álbum y, en general, de la propuesta de System of a Down es que no cae en la irresistible tendencia de caer en fórmulas simplistas. Cada canción suena fresca, única y coherente al resto de la discografía de SOAD.

También hay espacio para sonidos más suaves, donde destacan la entrada a “Atwa” o “Toxicity”, otro single ganador de un álbum premiado, alabado y vendido muy bien.

Pero lo mejor está al final con la notable “Aerials”. Aquí el concepto de administración del poder de la música no podría estar mejor puesto. No sólo está lleno de detalles, sino que la emoción va más allá de la forma de tocar o la forma de cantar de Tankian, sino que es la canción la que mueve todo, y, para más remate, tras cuatro minutos comienzan a sonar timbales y otras percusiones muy primitivas, con todo el arraigo del sonido de medio oriente y de donde uno puede imaginarse que sale todo el poder de SOAD.

Y nunca olvidando que el discurso también es importante. Toxicity habla no sólo del estado de las cosas en Norteamérica, sino que en todo el mundo. La referencia a lo primitivo no es casual, debido a que es la constatación de que el que está relegado es obligado a no desarrollarse y mejorar, mientras que las distancias se siguen acrecentando. Y esa es la verdadera toxicidad, en stereo, fuerte y claro.

Tracks destacados: “Deer Dance”, “Chop Suey!”, “Forest”, “Aerials”.

FICHA TÉCNICA

Título del Álbum: Toxicity

Artista: System of a Down

Sello | Año de lanzamiento: Columbia, 2001.

Tracklist: 01. Prison Song | 02. Needles | 03. Deer Dance | 04. Jet Pilot | 05. X | 06. Chop Suey! | 07. Bounce | 08. Forest | 09. Atwa | 10. Science | 11. Shimmy | 12. Toxicity | 13. Psycho | 14. Aerials.

Duración total: 44’ 05’’

 

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