ANTONY & THE JOHNSONS. Más que voz y emoción

La música está hecha por seres humanos que dependen de su sexualidad más de lo que puedan pensar. Lo femenino o lo masculino caracteriza casi inconscientemente a la música. Por ello cuando aparece un artista que se asocia a lo andrógino llama de inmediato la atención. Usualmente se trata de unir la fuerza masculina con la emoción de lo femenino o viceversa. Pero muchas veces sólo nos quedamos con el cliché y no vamos más allá. La música nos permite leer mucho más este texto tan complejo.

Antony Hegarty es mucho más que un andrógino tipo que utiliza su imagen para vender. No es Brian Molko o Boy George. Antony nació en Inglaterra y tuvo una infancia bastante movida viviendo en varios países, como Holanda y Estados Unidos, donde se trasladó desde California hasta New York. Pero siempre tuvo una inquietud respecto a su sexualidad.

Y eso se traspasó a su música. Muchos piensan que Antony sólo habla de los problemas que le ocasiona su transexualidad, pero olvidan que también se concentra mucho en lo espiritual. Se concentra en el ser más que en el hacer. Por eso tiende a darle vueltas a la pregunta por las sensaciones. Y en ese sentido, le da matices a su música como el pintor retoca sus frescos.

De verdad que es inevitable pensar en la utilización del género como recurso estilístico. Antony Hegarty tiene una voz privilegiada y lo sabe. No sólo eso, sino que además entiende las formas en las que su voz se puede potenciar. Por ello, las orquestaciones y las tenues digitaciones a las teclas del piano son regla. Y pese a que se pueda creer que su sonido es muy homogéneo, el uso de estos elementos y las progresiones que son capaces de alcanzar.

Hay que consignar que la figura central es Antony Heagarty, encargado de dirigir el proyecto y de realizar las composiciones. The Johnsons son su banda de acompañamiento, más que otra cosa. Por tanto, hay que ver siempre a este grupo como uno de los productos de la genialidad de Antony.

Hegarty se define como un transgénero. Dice que no quiere elegir uno de sus dos lados. Tanto lo femenino como lo masculino lo atraen de sobremanera por lo que ha decidido no terminar con una metamorfosis desde el hombre hacia la mujer. Esto ha hecho que tenga una postura crítica con los grupos extremistas, tanto religiosos como machistas o feministas.

En lo musical, siempre se habla de comparaciones con Nina Simone o Nico pero esto tiene más que ver con la carencia en los últimos años de una figura con una propuesta de tal nivel de elegancia y extravagancia. No tiene que ver con complicaciones y complejidades que se asemejen a fortalezas imposibles de franquear, sino que se trata de recrear emociones y darle una imagen acústica. Antony arma un mapa invisible pero sí audible para navegar por las sensaciones, para ahondarse en las profundidades de un mar que inspira tanto tranquilidad como necesidad de tomar un pañuelo y llorar.

Pero hay algo en Antony & The Johnsons que no me cuaja todavía. Pese a todos estos atributos positivos, todavía siento que me quedo con gusto a poco. La propuesta de Hegarty tiene capacidad de ser mucho más desarrollada aún. Todavía es muy austera, cuidada y cuidadosa, como si no quisiera cometer errores.

Los arreglos musicales todavía están demasiado contenidos. El primer single de The Crying Light (Secretly Canadian, 2009) “Epilepsy Is Dancing” tiene un cierre instrumental que te deja esperando más. Lo mismo pasa con “Hope There’s Someone” o “Spiralling” del disco I Am A Bird Now (Secretly Canadian, 2005).

En cambio, sorprende gratamente el crecimiento que se da en los seis minutos de duración de “Fistful of Love”, canción alegre y con un ritmo similar al “I Want You” de Pulp mezclado con La Hora Feliz de Ángel Parra Trío y Nina Simone. Un deleite auditivo, de verdad, tal como lo es su single de 2010, “Thank You For Your Love”.

De todas maneras, es maravillosa la propuesta de Hegarty y The Johnsons. Se nota reflexión y ansias de dejar una marca imborrable en quienes se dignen a escuchar como se debe su obra, que es poniendo completa atención en la música.

De verdad que se pueden distinguir demasiadas capas de sonido muy tenues que sólo enriquecen la atmosfera que rodea cada una de las composiciones.

Ahí hay otro punto: las composiciones son buenas. Tras ver que el sonido es emotivo uno podría creer que esta propuesta se basa en la forma, pero por ello hacíamos la notación de algunos aspectos relevantes en la biografía de Antony Hegarty, para notar que este asunto es forma pero también fondo. Las composiciones son absolutamente sustanciosas y por ello parece más extraño que no se les saque más partido.

Antony & The Johnsons tienen ese potencial que, por ejemplo, tenía Serge Gainsbourg pero que no fue explotado hasta la maravillosa obra maestra Histoire de Melody Nelson (Philips, 1971; Light In The Attic, 2010 [Reissue]) cuando el intérprete francés se alió con Jean Claude Vannier, quien se encargó de acrecentar los arreglos de cuerdas para darle a ese álbum conceptual mayor fuerza aún de la que Gainsbourg había concebido en su composición.

Hegarty puede alcanzar ese nivel y tal parece que el problema es el individualismo con el que ha manejado la composición. Las colaboraciones son una excepción muy bienvenida. Boy George y Björk han trabajado con el artista pero no va más allá de un track. Ese es el verdadero ítem pendiente para un cantante maravilloso y un artista sin paragón en la escena musical actual.

 

Discografía

 

I Am A Bird Now (Secretly Canadian, 2005):

Pese a que Antony lanzó un disco homónimo en 1998, en este simplemente mostró bocetos muy tenues de una propuesta que en este álbum, su verdadero debut, se devela en gran medida.

Como antes mencionamos, todavía se nota que existe algo pendiente con la propuesta de producción y arreglos de Antony & The Johnsons porque muchas veces, cuando vemos que la canción comienza a crecer cerca del final, se evita desarrollar arreglos de cuerdas que serían broches de oro de varias de las canciones.

Por ello vemos que existe la capacidad de hacerlo, pero existe una decisión de dejarlo así. Se puede adivinar que debe ser para mantener ese toque minimalista e intimista de las composiciones de Antony Hegarty. No obstante, se sabe que no es necesario mantener una cantidad exigua de cromas sonoros con el fin de mantener la intimidad en una composición. De hecho, a veces los muros o las capas y más capas de sonido lo que hacen es evitar que lo que se quiere mantener en misterio o en resguardo sea develado.

Porque Antony quiere mantener algo en secreto pese a la transparencia que sus letras y música aparentan. En este caso no tiene que ver con las emociones, sino que con las causas. Está claro que Antony está quebrado pero congraciado con el proceso eterno que conlleva su transexualidad, como él mismo ha dado en llamar, pero en verdad que falta lo que rodea a Antony, transformándose él en un universo completo. Por ello nos falta más ambiente, más sonido y que tome la decisión de dejar entrar más instrumentos.

Ejemplo de ello es la maravillosa “Fistful of Love”, que deja entrar vientos que no se aparecen con tal nivel de protagonismo en el resto del registro. Ojo también con la colaboración de Boy George en “You Are My Sister

De todas formas es un álbum muy recomendable al poner sobre la mesa elementos que la música se olvida a menudo como la emoción y la sencillez, además del arrojo de un intérprete de dotes privilegiadas.

Tracks recomendados: “Hope There´s Someone”, “Fistful of Love”, “Spiralling”.

 

The Crying Light (Secretly Canadian, 2009)

Si I Am A Bird Now era un álbum que llevaba la emoción y la transparencia de su protagonista al primer plano, The Crying Light tiene la misión de hacer mucho más participativas las sensaciones.

Lo que se mantiene como una constante absoluta es la influencia muy presente pero poco desarrollada de la instrumentalización de las composiciones. No obstante, esta vez se nota que hay un poco más de preocupación por la conformación de cierres o introducciones más bellas.

Un paso adelante es definitivamente la hermosamente instrumentada “One Dove”. Sus toques de cuerdas y una percusión mucho más cerca del jazz hacen de esta canción un real deleite. Lo extraño es que esta sea una excepción en The Crying Light, tal como era “Fistful of Love” en I Am A Bird Now.

De todas formas, se avanza porque el sonido es capaz de crecer un poco más que antes. Las progresiones sonoras tienen mucho más desarrollo, pero se nota que no es suficiente porque todavía es sencillo quedar con gusto a poco en la mayoría de los tracks, tales como el maravilloso single “Epilepsy Is Dancing”.

Otro ejemplo que muestra el crecimiento en la sonoridad de Antony & The Johnsons es el track que abre el disco, “Her Eyes Are Underneath The Ground”, donde el final deja varios segundos destinados a dejar sonar las cuerdas y para que la composición crezca para crear algo de atmósferas.

Sí, Antony & The Johnsons sacrifican las atmósferas en pos de la emoción, la mayoría del tiempo. Por lo menos, el desbalance en este campo se combate un poco en este registro. Eso ya es un gran paso adelante, considerando lo personal y ya elaborada de la propuesta de Antony Hegarty. El hombre escucha y aplica. Pero no fue suficiente.

Tracks recomendados: “Her Eyes Are Underneath The Ground”, “One Dove”, “Aeon”.

 

Swanlights (Secretly Canadian, 2010)

Aquí se identifica un cambio en Antony Hegarty, siendo este el disco más luminoso de su carrera. Y se nota una cierta depresión en lo musical debido, precisamente, a ese cambio de carácter.

Si antes Antony & The Johnsons se nos hacía comparable sólo con divas del pasado, ahora se nos acerca mucho más a ese movimiento revisionista de los cincuentas como los escoceses Belle & Sebastian o los ingleses Camera Obscura.

Y la asociación no es gratis: de un serio oscurantismo de la emoción, pasamos a esa etapa donde quien requiere ayuda sabe que debe acercarse a la luz más cálida y a estadios mucho más cercanos al bienestar.

También se puede atribuir esto a las ganas de Antony de avanzar en la música, para lo que la reinvención y la constatación de otras influencias es un factor clave en la consolidación de un grupo emergente.

Desde el título del track que abre el álbum, “Everything Is New”, se nos invita a algo diferente. Después Antony nos lleva al “Great White Ocean” donde deja de lado las cuerdas y predomina la guitarra, inédito para su propuesta mucho más cercana a lo orquestado que a la banda rockera en vivo. No obstante, hay naturalidad en este tránsito. Y por ello “Ghost” no se nos hace extraña, pese a parecer un soundtrack de una película de fantasía.

Esto, que suena tan distinto a Antony & The Johnsons, atrae pero también repele un poco cuando vemos que de verdad suena diferente.

Lo más cercano a los registros anteriores es la misteriosa, compleja y hasta sublime canción que le da el nombre al disco, “Swanlights”, seguida por la también inquietante “The Spirit Was Gone”.

En tanto, el canto de alegría máximo es “Thank You For Your Love” que redime a la oscuridad hacia niveles de brillantez notables.

El dueto con Björk, “Flétta”, es la canción más minimalista de un álbum que no tiene a ese tipo de administración sonora como matriz fundamental. Suena a la mezcla perfecta entre Antony y la artista irlandesa, con una dominación del piano que inquieta pero calma a la vez. Un hermoso son que nos muestra que Hegarty no hace canciones para mostrar simplemente su emoción, sino que con el fin de ayudar a que cada uno se de cuenta de lo que hay en su interior, bueno o malo, y desde ahí expresarlo.

Antony con Swanlights mantiene un nivel compositivo impecable, pero es la producción lo que lleva este álbum a otro nivel. Lo malo es que sacrifica un poco de su particularidad sonora en pos de llegar a otros escenarios que ya están siendo (en parte) ocupados.

Por lo menos, ahora sabemos que Antony no es sólo voz y emoción. La esencia también importa. El cierre con la épica “Christina’s Farm” lo muestra de forma tierna, tímida y clara con una revisitación al track inicial.

Tracks destacados: “Swanlights”, “Thank You For Your Love”, “Christina’s Farm”.

 

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